Recientemente se ha publicado la primera revisión sistemática (scoping review) exhaustiva sobre la anestesia general en grandes simios no humanos (Liptovszky et al., 2025). Tras analizar estudios desde 1960 hasta la actualidad, las conclusiones son una llamada de atención para todos los que nos dedicamos a la anestesia y el manejo de fauna silvestre.
1. El sesgo de especie: No todos son chimpancés
La mayoría de lo que sabemos hoy sobre anestesia en primates proviene de los chimpancés. Sin embargo, especies como el bonobo, el gorila oriental o el orangután de Sumatra están peligrosamente infrarrepresentadas en la literatura científica.
Esto genera un problema clínico real: estamos extrapolando protocolos de una especie a otra sin tener en cuenta las particularidades fisiológicas y de comportamiento de cada una. En medicina de conservación, donde cada individuo cuenta, no podemos permitirnos estas lagunas de conocimiento.
2. El bucle de la Ketamina y la falta de innovación
El estudio revela que el 94% de los protocolos siguen basándose en anestésicos disociativos (Ketamina y Tiletamina/Zolazepam).
Aunque son fármacos robustos para el manejo a distancia, llama la atención la escasa penetración de fármacos modernos en la literatura:
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El uso de Propofol es casi anecdótico.
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Apenas hay reportes sobre el uso de opiáceos de última generación.
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El uso de vatinoxán con alfa2-agonistas sigue siendo un territorio inexplorado en estas especies.
3. El "pecado" del silencio: La falta de reporte de eventos adversos
Aquí reside, quizás, el punto más crítico para nuestra profesión. Casi la mitad de los estudios analizados (47%) no informaron sobre eventos adversos. Cuando sí se reportaron, los hallazgos fueron preocupantes:
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Hipoxia e Hipotensión: Los problemas más frecuentes.
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Recuperaciones tórpidas: Una incidencia de despertares prolongados o disfóricos mucho más alta que en animales domésticos.
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El factor térmico: La hipotermia apenas se menciona, lo que sugiere que no solo no se está tratando, sino que probablemente ni siquiera se está monitorizando de forma rutinaria.
¿Qué nos enseña esto como especialistas?
La autoridad técnica no se demuestra solo cuando un animal «se duerme y se despierta». Se demuestra cuando somos capaces de monitorizar, identificar complicaciones y, sobre todo, comunicarlas sin miedo al juicio.
Si ocultamos los fallos o las complicaciones por ego profesional, estamos impidiendo que el resto de la comunidad aprenda. La seguridad anestésica no es una receta de cocina; es un proceso de mejora continua basado en datos.
Como veterinarios dedicados a la excelencia, nuestro objetivo debe ser cerrar la brecha entre la medicina humana y la de estos grandes simios. Menos «intuición de experto» y más medicina basada en la evidencia.
https://www.vaajournal.org/article/S1467-2987(25)00212-0/fulltext