Acabo de volver de Toledo, donde se ha celebrado el 7º Congreso Internacional Xpertise in Osteoarthritis, organizado por Vetoquinol. Y lo digo sin rodeos: pocas veces un congreso me ha dejado tantas ideas para aplicar directamente en mi Unidad del Dolor.
El tema de esta edición no podía ser más oportuno: «El músculo importa: una mirada más profunda al manejo de la osteoartritis». Traumatólogos, anestesiólogos, rehabilitadores y otros veterinarios referentes en la materia, de varios países, nos hemos sentado en la misma sala a hablar de algo que en consulta solemos relegar a un segundo plano: el papel del músculo en el paciente con artrosis.
La artrosis no es solo una articulación dañada
Como clínico que trabaja cada día con pacientes con dolor crónico, sé lo fácil que es centrar el protocolo en la articulación: analgesia, antiinflamatorios, condroprotección. Pero la articulación no funciona aislada. Está sostenida, movida y protegida por un sistema muscular que, en el paciente con OA, se va deteriorando en silencio.
Y aquí está el punto que más me ha hecho reflexionar en el congreso: la pérdida de masa y función muscular no es una consecuencia menor de la artrosis. Es un factor que retroalimenta el propio dolor crónico. Un paciente con sarcopenia secundaria tiene menos estabilidad articular, compensa peor, y eso perpetúa el ciclo de dolor e inflamación.
Por qué la movilidad es mucho más que movimiento
Uno de los mensajes centrales del congreso —y con el que coincido plenamente desde mi experiencia clínica— es que la movilidad no se puede reducir a «que el animal camine». La movilidad está directamente vinculada a:
- La función articular y muscular conjunta
- La independencia del paciente en su día a día
- Su comodidad real, no solo la ausencia aparente de cojera
- Su calidad de vida global, incluyendo el componente emocional
Esto cambia el enfoque clínico. No basta con preguntar al tutor «¿cojea menos?». Hay que evaluar si el paciente recupera función, si mantiene masa muscular, si participa de nuevo en su rutina diaria.
Lo que esto significa en la consulta
Cuando integro estos datos con lo que veo en mi práctica diaria, la conclusión es coherente: los ácidos grasos omega-3 — especialmente los que actúan a través de la vía de los SPM — representan hoy la opción nutracéutica con mayor respaldo científico para el manejo de la osteoartritis canina.
No son un sustituto del tratamiento multimodal. No reemplazan a los AINEs cuando hay dolor agudo que controlar, ni a la fisioterapia cuando hay déficit funcional que rehabilitar. Pero sí tienen un papel propio, bien fundamentado, en el manejo crónico del dolor articular — especialmente en pacientes donde queremos minimizar la carga farmacológica a largo plazo.
En mi Unidad del Dolor, los incorporo como parte de ese abordaje. Y los resultados que veo en las revisiones son consistentes con lo que la evidencia ya señalaba.
Un abordaje que exige equipo, no protagonismos
Lo que más valoro de congresos como este es precisamente el formato: no es un evento de anestesia hablando solo de anestesia. Es traumatología, rehabilitación, manejo del dolor y medicina interna sentados en la misma mesa, discutiendo el mismo caso desde ángulos distintos.
Esto es exactamente lo que aplico en mi servicio. Un paciente con artrosis avanzada que llega a mi Unidad del Dolor no se beneficia solo de mi abordaje anestésico-analgésico. Se beneficia de que yo dialogue con el traumatólogo que valoró su estabilidad articular y con el rehabilitador que está trabajando su masa muscular. El protocolo multimodal no es solo de fármacos: es de profesionales.
Lectura clínica: qué me llevo a mi consulta
A partir de lo compartido en Toledo, estos son los puntos que voy a reforzar en mis protocolos:
- Incorporar de forma sistemática la valoración de la condición muscular (no solo articular) en cada revisión de paciente con OA.
- Coordinar antes y de forma más estructurada con rehabilitación, en lugar de derivar solo cuando el caso «se complica».
- Educar mejor a los tutores sobre por qué el ejercicio controlado y el mantenimiento muscular son tan importantes como la analgesia.
- Revisar si mi manejo del dolor está, indirectamente, facilitando o dificultando que el paciente mantenga actividad muscular funcional.
Conclusión
La artrosis sigue siendo una enfermedad crónica que exige un enfoque colaborativo y a largo plazo. Congresos como el Xpertise in Osteoarthritis nos recuerdan que la excelencia clínica no está en dominar una sola disciplina, sino en saber dialogar con las demás. El músculo, durante años el gran olvidado en el manejo de la OA, merece el lugar central que esta edición le ha dado.
¿Cómo estáis incorporando vosotros la valoración muscular en vuestros protocolos de OA?