Cuando planificamos la anestesia de un perro braquicéfalo que va a cirugía correctora de vía aérea, casi toda nuestra atención se dirige a dos frentes: el manejo de la vía aérea y el consumo de opioides. Es lógico. Son pacientes de alto riesgo, con anatomía comprometida, donde cualquier margen de seguridad cuenta.
Pero un ensayo clínico prospectivo, aleatorizado, ciego y controlado, realizado sobre 98 perros braquicéfalos intervenidos de síndrome obstructivo de vía aérea entre julio de 2024 y noviembre de 2025 en un hospital de referencia, pone el foco en un lugar que solemos dejar en segundo plano: el sistema digestivo.
El diseño del estudio
Los 98 perros fueron aleatorizados en dos grupos:
- 49 perros recibieron 10 actuaciones de spray intraoral tópico de lidocaína y fenilefrina antes de la cirugía
- 49 perros recibieron spray placebo
Ambos grupos siguieron un protocolo anestésico estandarizado, diseñado específicamente para pacientes braquicéfalos. Se compararon las intervenciones intraoperatorias y postoperatorias, así como las complicaciones postoperatorias, y se construyó un grafo acíclico dirigido para explorar posibles relaciones causales entre las variables.
Lo que no cambió: opioides y complicaciones respiratorias
El primer dato importante es negativo: los requerimientos de metadona, tanto intra como postoperatorios, no mostraron diferencias significativas entre grupos. La aplicación tópica de lidocaína y fenilefrina no redujo el consumo de opioide.
Tampoco se encontraron diferencias en las complicaciones respiratorias postoperatorias entre ambos grupos. Si nuestra hipótesis de partida era que esta intervención iba a mejorar el manejo del dolor sistémico o proteger frente a eventos respiratorios, los resultados no la sostienen.
El hallazgo que sí importa: regurgitación postoperatoria
Donde el estudio sí encuentra una diferencia clara y clínicamente relevante es en la regurgitación postoperatoria. Esta fue significativamente mayor en el grupo placebo, con un odds ratio de 8,1 (IC 95%: 2,5–37,0). Dicho de otro modo: los perros que no recibieron la aplicación tópica de lidocaína y fenilefrina regurgitaron muchas más veces en el postoperatorio que los que sí la recibieron.
Es importante ser precisos con la terminología aquí: esta técnica es una aplicación tópica sobre mucosa faríngea, no una técnica de anestesia locorregional en sentido estricto (que implicaría bloqueo de un nervio o plexo concreto). El mecanismo probable no es un bloqueo nervioso, sino la vasoconstricción local inducida por la fenilefrina, que reduce la irritación y la inflamación de la mucosa faríngea manipulada durante la cirugía, disminuyendo posiblemente la sensibilidad local que contribuye al reflejo de regurgitación. Esta es una lectura razonable desde la fisiología, aunque el estudio no midió directamente el edema local como variable, por lo que conviene presentarla como hipótesis y no como resultado confirmado.
Mi lectura clínica desde el servicio de Anestesia
En mi práctica diaria, la regurgitación postoperatoria en braquicéfalos es una de esas complicaciones que tendemos a normalizar demasiado rápido. La asociamos casi automáticamente a la anatomía del paciente, sin preguntarnos qué parte de ese riesgo es realmente modificable con nuestras decisiones anestésicas.
Este estudio me confirma algo que ya intuía desde el quirófano: no todas las intervenciones que incorporamos a un protocolo tienen que justificarse por reducir el opioide. A veces el valor está en otro sitio, y ese otro sitio puede ser tan relevante como el que buscábamos inicialmente.
En braquicéfalos, donde el riesgo de aspiración ya es elevado de base por la propia anatomía de la vía aérea superior, reducir la regurgitación postoperatoria no es un detalle cosmético. Es prevención directa de una de las complicaciones que más nos preocupan en el despertar de estos pacientes.
Relevancia clínica
Los resultados de este ensayo sugieren que las técnicas de vasoconstricción tópica no deben evaluarse únicamente por su capacidad de reducir el consumo de opioides. Su papel dentro de un plan anestésico multimodal para cirugía de BOAS puede justificarse por otros beneficios, en este caso, una reducción sustancial de la regurgitación postoperatoria.
Esto no significa sustituir el manejo analgésico sistémico. Significa ampliar el criterio con el que evaluamos qué intervenciones incorporamos a nuestros protocolos, y dejar de medir el éxito de una técnica exclusivamente por su efecto ahorrador de opioide.
Conclusión
Este ensayo clínico en 98 perros braquicéfalos nos deja una lección aplicable más allá de este estudio concreto: no todos los beneficios de una intervención anestésica aparecen donde esperamos encontrarlos. La aplicación tópica de lidocaína y fenilefrina no bajó el opioide, pero redujo de forma notable la regurgitación postoperatoria, un dato con implicaciones clínicas reales en una población ya de por sí vulnerable a la aspiración.
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