Los datos que publica cada año la Asociación para la Prevención de la Obesidad de las Mascotas (APOP) suelen leerse como un problema nutricional. Como un reto para los servicios de medicina interna o para las consultas de dietética veterinaria. Raramente se leen como lo que también son: una señal directa de alerta para quienes trabajamos en anestesia.
La encuesta de 2025 refleja que el 43 % de los propietarios de gatos y el 37 % de los de perros describen a sus animales como situados por encima de su peso ideal. Diez puntos más en gatos respecto al año anterior. Estas cifras tienen un correlato clínico inmediato: cada vez más pacientes llegan a nuestra mesa de operaciones con una fisiología comprometida antes de que empiece el procedimiento.
Este artículo no es un análisis nutricional. Es una lectura anestésica de los datos.
Por qué el paciente obeso no es un paciente normal con más kilos
Existe la tentación de tratar al paciente obeso como un individuo sano al que simplemente hay que dosificar con más cuidado. Es un error conceptual que puede tener consecuencias reales en el quirófano.
El exceso de tejido adiposo altera la fisiología en varios sistemas de forma simultánea. No estamos ante un incremento proporcional de masa corporal, sino ante un estado metabólico y funcional diferente que afecta directamente a cómo el paciente responde a los fármacos, cómo maneja la ventilación bajo anestesia general y cómo se recupera al final del procedimiento.
Compromiso respiratorio en decúbito
En el paciente obeso, la grasa abdominal ejerce presión constante sobre el diafragma. En decúbito dorsal —la posición más habitual durante la cirugía abdominal, urológica u ortopédica— esta presión se intensifica y reduce de forma significativa la capacidad residual funcional. El resultado es un margen de apnea mucho más estrecho y una mayor probabilidad de atelectasias bajo anestesia general.
Esto no es una complicación hipotética. Es una realidad fisiológica que tiene que estar en el protocolo desde el principio.
Distribución y acumulación de fármacos lipofílicos
La mayoría de los agentes anestésicos que utilizamos a diario —propofol, alfaxalona, muchos opioides, benzodiazepinas— son lipofílicos. En el paciente obeso, el volumen de distribución se amplía, la acumulación en tejido graso es real y la eliminación puede prolongarse más de lo esperado.
Dosificar sobre el peso real sin ningún ajuste no es prudente. Pero tampoco lo es aplicar fórmulas de peso metabólico de forma mecánica sin evaluar el caso individualmente. El paciente obeso requiere un cálculo razonado, no una fórmula automática.
El gato obeso, un paciente de alto riesgo que llega cada vez más
El incremento de diez puntos porcentuales en gatos con sobrepeso percibido por sus propietarios en un solo año no es un dato menor. Desde el punto de vista anestésico, el gato obeso concentra varios factores de riesgo que se potencian entre sí.
Lipidosis hepática y ayuno perioperatorio
El gato obeso tiene una predisposición fisiológica al desarrollo de lipidosis hepática ante situaciones de ayuno prolongado o estrés metabólico. El período perioperatorio, con sus protocolos de ayuno y la respuesta inflamatoria asociada a cualquier intervención, representa exactamente ese contexto. Gestionar el período de ayuno con criterio y no prolongarlo innecesariamente es especialmente importante en esta especie y en este tipo de paciente.
Hipoventilación bajo sedación
El gato obeso es más propenso a la hipoventilación significativa bajo sedación o anestesia general que un gato de peso adecuado. Esto no siempre se comunica con la claridad que merece en los protocolos de rutina. La monitorización de capnografía y la preparación para soporte ventilatorio activo no son opcionales en este paciente: son parte del plan.
El dato que más me preocupa de la encuesta APOP 2025
Solo el 28 % de los perros y el 19 % de los gatos cuyos propietarios intentaron reducir su peso lograron alcanzar un peso saludable. APOP interpreta esta brecha entre esfuerzo y resultado como evidencia de barreras biológicas, psicológicas, económicas y clínicas que van mucho más allá de la motivación del propietario.
Para mí, como anestesiólogo, este dato tiene una implicación práctica directa: la mayoría de estos pacientes llegará a la mesa de operaciones sin haber resuelto el problema de peso. Esperarlo no es una estrategia. Estar preparado, sí lo es.
Lo que aplico en mi servicio cuando el paciente tiene sobrepeso
No aplico el protocolo estándar con los ojos cerrados. Mi checklist de ajuste en el paciente obeso incluye, de forma sistemática:
- Reclasificación ASA considerando el sobrepeso como variable fisiológica activa, no como nota al margen.
- Revisión del protocolo de premedicación: reducir el riesgo de hipoventilación antes de la inducción.
- Preparación activa para ventilación mecánica: no como recurso de emergencia, sino como parte anticipada del plan.
- Ajuste de dosis con criterio clínico: ni peso real sin corrección, ni fórmulas automáticas sin razonamiento.
- Planificación de la recuperación con mayor margen de tiempo y monitorización extendida.
La obesidad no es una nota al margen del historial. Es una variable fisiológica con consecuencias anestésicas directas que modifican el plan desde el minuto cero.