Por qué este estudio no me sorprendió
Cuando leí los resultados, no sentí sorpresa. Sentí confirmación.
Un estudio reciente evaluó el efecto del tramadol oral añadido a un protocolo con robenacoxib en 38 perros sometidos a resección de cabeza femoral. El objetivo era claro: comprobar si la combinación mejoraba el control del dolor postoperatorio frente al AINE en monoterapia.
Los resultados fueron igual de claros: ninguna diferencia significativa en ningún momento de la evaluación. Ninguna.
Llevo años sin usar tramadol en perros. No por moda, no por intuición clínica, sino porque la farmacología básica del fármaco lo justifica con una lógica difícil de ignorar. Este estudio no cambia mi práctica. La valida.
El doble mecanismo del tramadol: dónde está el problema real
Para entender por qué el tramadol falla como analgésico opioide en perros, hay que ir a la base farmacológica. El tramadol no tiene un único mecanismo de acción. Tiene dos, y son fundamentalmente distintos.
Mecanismo 1: opioide — dependiente del metabolismo hepático
El tramadol por sí mismo tiene escasa afinidad por los receptores mu. Para ejercer su efecto opioide necesita ser biotransformado en su metabolito activo: el M1, también conocido como O-desmetiltramadol. Esta conversión depende de la enzima CYP2D6 en humanos, y de su equivalente funcional en el perro.
Aquí está el problema central: tanto perros como humanos somos metabolizadores variables de esta vía. La producción de M1 es impredecible entre individuos. En muchos pacientes, la concentración plasmática de M1 que se alcanza es insuficiente para generar una analgesia opioide clínicamente relevante. En algunos, directamente mínima.
Cuando administras tramadol a un perro, no puedes saber con certeza cuánto M1 está generando. Y sin M1, el efecto opioide que esperas no existe.
Mecanismo 2: serotoninérgico y noradrenérgico — independiente del metabolismo
El tramadol inhibe la recaptación de serotonina y norepinefrina. Este mecanismo no depende de la conversión hepática a M1. Funciona. Pero no es el efecto analgésico que buscamos cuando incluimos un fármaco en un protocolo postquirúrgico de un ortopédico.
La inhibición de la recaptación de monoaminas tiene utilidad en el dolor crónico neuropático, en el contexto del dolor multimodal de larga evolución. No es el mecanismo sobre el que construyes la analgesia de un postoperatorio inmediato.
Lo que probablemente ocurre cuando «funciona»
Uno de los errores más comunes en la práctica clínica es atribuir el efecto analgésico observado al tramadol cuando en realidad el protocolo completo — AINE, sedación residual, contexto hospitalario, efecto placebo en la valoración del tutor — está haciendo el trabajo.
El tramadol suena bien en el alta. «Le mandamos tramadol para el dolor» es una frase tranquilizadora. El problema es que esa tranquilidad puede ser falsa si el M1 no se está produciendo de forma suficiente en ese paciente concreto.
Y mientras el tramadol ocupa un hueco en el protocolo, otros fármacos con mecanismos predecibles y controlables no están entrando.
El estudio de resección de cabeza femoral: diseño y lectura clínica
El trabajo evaluó específicamente la adición de tramadol oral a robenacoxib en el perioperatorio de la resección de cabeza y cuello femoral, una de las cirugías ortopédicas más frecuentes en perros de pequeño formato y con un dolor postoperatorio significativo.
Con 38 perros y un protocolo comparado frente a AINE en monoterapia, los resultados no mostraron beneficio adicional del tramadol en ningún punto de la escala de evaluación del dolor.
Desde el punto de vista clínico, este diseño es relevante precisamente porque la resección femoral genera un estímulo doloroso intenso. Si el tramadol no añade valor aquí, las posibilidades de que lo haga en procedimientos de menor intensidad nociceptiva son aún menores.
Conclusión: la evidencia confirma lo que la farmacología ya decía
El tramadol oral en perros no es una mala elección porque un estudio lo haya demostrado. Es una mala elección porque su mecanismo de acción principal —el efecto opioide vía M1— es intrínsecamente impredecible en esta especie.
El estudio de resección de cabeza femoral añade evidencia clínica a una base farmacológica ya sólida. Pero la lógica para retirar el tramadol de los protocolos en perros estaba disponible mucho antes.
Los pacientes ortopédicos merecen protocolos construidos sobre mecanismos que controlamos. La anestesia es una ciencia de precisión. Cada fármaco que incluimos debe justificar su presencia con un mecanismo claro, no con inercia clínica.
Si quieres profundizar en cómo construir protocolos analgésicos sólidos, basados en farmacología real y aplicables desde mañana en tu consulta, te espero en El Club de la Anestesia: el espacio donde la ciencia y la práctica clínica se encuentran cada semana.