La castración es la cirugía más frecuente en nuestra consulta. Tan frecuente que a veces la gestionamos en piloto automático. Un estudio prospectivo publicado en 2025 nos recuerda por qué eso es un error.
El hallazgo: 7,3% de AKI en pacientes que considerábamos sin riesgo
Quinn et al. (2025) diseñaron un estudio específico para cuantificar la incidencia de lesión renal aguda perioperatoria en perros sometidos a esterilización electiva. La muestra: 165 perros sanos —castración u OVH— sin antecedentes de enfermedad renal ni cardiovascular. Pacientes ASA I, los que cualquiera de nosotros tiene en agenda esta semana.
Midieron creatinina sérica antes de la anestesia, a las 24 horas y a las 48 horas postoperatorias. El criterio diagnóstico de AKI: un incremento superior a 26 μmol/L respecto al valor prequirúrgico.
Resultado: el 7,3% desarrolló AKI perioperatoria. Once casos clasificados como grado 1 —creatinina dentro de rango pero con incremento real y significativo— y uno como grado 2. Cuatro de estos pacientes presentaron además oliguria en las primeras 24 horas.
Lo más importante: la mayoría eran subclínicos. Sin signos evidentes. Sin que nadie lo hubiera detectado en una revisión postoperatoria rutinaria.
Los factores de riesgo: hipotensión y sexo femenino
El análisis multivariable identificó dos variables con asociación estadísticamente significativa:
- Hipotensión perioperatoria, presente en el 67,9% de los casos con AKI. No como hallazgo puntual, sino como el factor más frecuente y con mayor peso en el modelo.
- Sexo femenino, asociado de forma independiente a mayor riesgo, probablemente relacionado con la mayor duración e invasividad de la OVH respecto a la orquiectomía.
Por qué la hipotensión en anestesia no es un episodio menor
El riñón es uno de los órganos más sensibles a las variaciones de perfusión. Cuando la presión arterial media cae por debajo de umbrales seguros, la autorregulación renal se compromete. Si ese episodio se prolonga o se repite, la consecuencia puede ser una lesión isquémica real, incluso en el paciente joven y sano.
El problema con la «castración rutinaria» es precisamente ese: la rutina baja la guardia. El paciente sin comorbilidades recibe menos atención anestésica, y sin embargo sigue siendo vulnerable a los mismos mecanismos fisiopatológicos.
Lo que aplico en mi servicio tras revisar estos datos
Monitorización de presión arterial en cada anestesia, sin excepciones por tipo de procedimiento. El Doppler es accesible, reproducible y suficientemente sensible para detectar episodios de hipotensión en tiempo real.
Umbral de intervención bajo, no conservador. Cuando la PAM cae por debajo de 65 mmHg, intervengo. Reviso el plano anestésico, ajusto la fluidoterapia y, si es necesario, recurro a vasopresores. La hipotensión es un problema activo que necesita una respuesta activa.
Fluidoterapia con criterio. El objetivo es mantener la perfusión renal, no rellenar por protocolo. Ajusto la tasa según el paciente, el procedimiento y la respuesta hemodinámica.
Mayor atención en hembras sometidas a OVH. Mayor tiempo quirúrgico y mayor manipulación visceral justifican un seguimiento anestésico más estrecho en este grupo.
Conclusión
No existe la cirugía sin riesgo. Existe el paciente que aún no ha fallado.
Estos datos no piden más tecnología. Piden más atención al animal que tenemos delante. La anestesia de calidad no es un privilegio del paciente complicado — es una obligación ética en cada procedimiento, con cada paciente, en cada quirófano.
¿Quieres trabajar protocolos anestésicos con criterio clínico real y actualización científica continua? En El Club de la Anestesia hacemos exactamente eso, cada semana. Toda la información en agustinmartinezvet.es.